SOBRE LA ERUDICIÓN
Sin embargo la evolución cultural, esa que nos hace humanos y que tan radicalmente nos diferencia del resto de animales, tiene otro modus operandi

El escorpión ciego, una especie endémica de las cuevas del Pirineo catalán, se llama Belisarius xambeui. Su descubridor fue un zoólogo francés del siglo XIX, Eugène Simon. Trabajó algún tiempo en nuestro país, ayudando a clasificar y conservar las colecciones de arácnidos, de los que era un gran conocedor, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Bautizó a esta especie con el nombre de Belisarius en alusión al famoso general bizantino, el conde Belisario, que en tiempos del emperador Justiniano se distinguió por sus conquistas y reconquistas del Imperio Romano de Occidente. Belisario fue un grandísimo militar, un estratega que nada tenía que envidiar al mismo Julio César o, incluso, a Alejandro Magno: reconquistó las regiones del norte de África, las islas del Mediterráneo, la península itálica… Sus hazañas las recogió en una novela el escritor francés Jean-François Marmontel en el siglo XVIII; también fijaron su atención en este personaje, entre otros, Robert Graves, que escribió "El Conde Belisario", y Gaetano Donizetti, que le dedicó su ópera "Belisario".
En todas estas obras se recoge una leyenda que según los historiadores modernos es falsa, pero que durante la Edad Media tuvo gran popularidad: se cuenta que Belisario, caído en desgracia por haber participado en una conjura contra el emperador Justiniano, es condenado por éste a ser cegado y a vivir de la mendicidad. Un Belisario mendigo, anciano y ciego, paradigma del destino azaroso, puede verse en el magnífico cuadro de Jacques-Louis David "Date obolum Belisario" ("Dad una limosna a Belisario"), que está en el Museo de Bellas Artes de L'Ille, Francia.
Eugène Simon (1848-1924), debía conocer la novela de Marmontel, el cuadro de David y la leyenda del Belisario ciego. Podía haber bautizado a la nueva especie de escorpión con su propio nombre, como hacen tantos biólogos, o con el nombre de algún colega, en señal de agradecimiento… Pero prefirió rendir un homenaje a la cultura, a la historia. El bautizar a su especie con el nombre del general bizantino es pues, no sólo el ejercicio de su profesión como zoólogo y taxónomo sino además, y ante todo, un acto de erudición.
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