PETER MITCHEL: ¿HIPÓTESIS O TEORÍA?


    

    Uno de los temas que más me gustaba explicar a mi alumnado de 2º de bachillerato, (antes COU), es la teoría quimiosmótica de Mitchell, proceso que tiene lugar en las mitocondrias y que, en definitiva, aclara cómo la energía de los nutrientes acaba por almacenarse en la molécula de ATP. Resumiendo mucho (a mis alumnos y alumnas se lo explicaba más detalladamente, sin el atropello de estas pocas líneas) Mitchell afirmaba que la pérdida de energía de los electrones –-—obtenidos de los nutrientes—, en su camino hasta el oxígeno era utilizada para crear una elevada concentración de protones en el espacio intermembranar de las mitocondrias. Al intentar equilibrar las concentraciones entre matriz y espacio intermembranar, se formaba un flujo de protones —la “fuerza protón matriz”— a través de la ATP sintetasa, que se usa para la síntesis del ATP. Como he dicho, este proceso ocurre en las mitocondrias, orgánulos que están en el origen de todos los eucariotas (animales, plantas, hongos, protoctistas) y que, a su vez, parecen proceder de antiguas proteobacterias respiratorias. 



    Intentaba despertar el interés de mis alumnos y alumnas haciendo ver que este proceso, aparentemente complicado, es en realidad muy fácil de comprender si lo comparamos con el funcionamiento de una central hidroeléctrica, sustituyendo la elevada concentración de protones en el espacio intermembranar por el agua embalsada retenida por el dique, el flujo de protones por el flujo del agua, la ATP sintetasa por la turbina... ¡Antiguas bacterias ya habían inventado minicentrales energéticas altamente efectivas millones de años antes de que el ingeniero H.F. Rogers crease en EEUU la primera presa hidroeléctrica del mundo, a finales del siglo XIX! 




     El bioquímico británico Peter Mitchell (1920-1992) expuso este mecanismo quimiosmótico en un artículo de la revista Nature, en 1961. Durante mucho tiempo fue considerado como una hipótesis (en muchos libros de texto, incluso actuales, aún se denomina así) y, al menos al principio, gozaba de poca aceptación entre los científicos colegas de Mitchell. Pero la evidencia se impuso y Mitchell fue galardonado con el Premio Nobel de Química en 1978, diecisiete años después de su propuesta. En su magnífica conferencia de aceptación del premio, Mitchell se refirió a una frase ocurrente del físico Max Planck, quien dijo que una nueva idea científica no triunfa porque convenza a sus oponentes sino porque estos acaban muriendo. Añadió después, jocosamente, que se alegraba de que quienes se opusieron a su hipótesis y ahora la aceptaban como teoría estuviesen todavía vivos y en el mejor momento de sus carreras.

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